24-11-2005

:: BIENVENIDAS ::


¿Qué mueve a las personas en ese afán por recobrar el tiempo y todo lo que esto incluye (con esto me refiero a todo: cosas, sentimientos, sensaciones, situaciones, ellos mismos, etc.)? Ni idea, aun cuando lo que sí tengo claro, es que esto es algo que sucederá efectiva e infinitamente.
En mi caso, he experimentado algo así, no con zapatillas de lona como le ocurrió a una amiga, sino con "las peras".
Recurriendo a mamá, ella cuenta que desde bebé sentí una repelencia casi exagerada hacia ellas. Comenta que trataba de dármelas de distintas formas, pero jamás hubo caso, el rechazo era instantáneo. Las molía para dármelas como puré, me hacía el típico avioncito, que despegaba del plato y viajaba hacia mi y yo... mmmbuac.. de regreso al mundo exterior... plasmadas en su delantal. Trató de disimular el sabor bañándolas con chocolate, aromatizándolas con canela, pero nada.
Ya más grande, teniendo conciencia del gusto y con poder de decisión, tampoco las comí. Siempre las comparé con la sensación que queda en la boca cuando por algún motivo, tragas arena (típica situación: cuando en la playa, algún cabro chico no encuentra nada mejor que ponerse a sacudir su toalla frente a uno mientras tomas un helado, disfrutas una manzana confitada o una siempre dulce y crujiente palmera).
De esa forma definía las peras. Para mí era como comer arena, no me agradaba su granulosidad, la textura de su carne y menos la de su cáscara tan áspera y poco tierna. Sucedía también que cuando me servían tutti frutti, antes de llevarme la primera cucharada a la boca, ya sabía que algo desagradable venía en rumbo. Lamentablemente, en estos casos, como una es gente, bien educada y todo eso, comía sin reclamar aunque en mi interior pensaba que más tarde, nada me salvaría de la indigestión.
Recuerdo un almuerzo en casa de una amiga. Sus padres se esmeraron en un producido almuerzo, esos típicos del sur, donde comes hasta por las orejas. La cosa es que llegado el postre, el tío colocó una fuente de "..." sobre la mesa. Yo, niña buena por no decir otra cosa que podrán imaginar, tomé una de esas, y pese al suplico de mi estómago, la comí entera, con cáscara y todo. Esos son momentos en que una se prueba a sí misma ;)
Y como si esto no fuese suficiente, me ofrecieron otra más. Al parecer mi cara de "gracias por el postre, estaba rico" dio pie para esto. Ahí si que preferí quedar por rota y la rechacé de plano, aunque no en forma directa, más bien lo disfracé con la excusa de que estaba muy rica pero era suficiente para mí, jaja, que mentirosa fui!
Para más de alguien esto puede sonar exagerado, escandaloso incluso, pero si hubiesen estado en mi lugar, me entenderían.
Sin embargo, y por alguna razón que ni yo sé decir, hace un tiempo atrás -harán casi 2 meses- como peras. Fue así, tal cual, de un día para otro vi unas en la frutera, tenían rico aroma, estaban como perfumadas. Tomé una y la comí. La disfruté, estaba rica, era menos granulosa de lo que yo siempre dije, si hasta la cáscara me resultó suave. La más sorprendida con esto fue mamá, sobretodo porque ella dejó de comprarlas porque como era la única que las comía, a veces hasta se echaban a perder.Ahora bien, tampoco es un tema que como peras todos los días o que las cambié por alguna otra fruta que comiera antes, pero las como y me gustan, y si voy a algún lugar y me las sirven... "bienvenidas".
Pienso que este tipo de cambios a cerca de la forma como percibimos las cosas, tal vez tenga relación con la necesidad de superar etapas y experimentar con lo que nos produce alguna aversión o con la simple sensación de sentir que tenemos la capacidad de crecer.

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