No consigo entender. Veo las noticias, pero nada es suficiente para llegar a comprender lo que pasa cada día aquí o en otro lado, más allá de mis fronteras porque a pesar de todas mis réplicas y críticas, somos un país afortunado.Esta mañana, tarde en Pakistán, las pantallas de tv se tiñen con la sangre de un nuevo atentado terrorista, político, ideológico o como quiera titularse. Una vez más, alguien se inmola y de paso lleva consigo las vidas de más de una docena de personas, entre ellas la de esta mujer, Benazir Bhutto, la primera en llegar al poder en una nación islámica y que a penas hace un par de meses regresó del exhilio para liderar la oposición del actual régimen pakistaní.
Sé que hay aspectos que ignoro, no todo es bálsamo y miel en la vida, particularmente cuando se trata de líderes políticos y si a esto se suma el contexto: Medio Oriente, de seguro encontraré más de algo que difiera con mi forma de pensar.
Pero más allá de eso, lo que ronda mi cabeza es la capacidad del hombre de acabar con la vida de otros, sea por el motivo que sea.
Por otro lado, no deja de asombrarme como el destino de una hija puede estar definitivamente marcado por el de su padre. Él, Zulfikar Alí Bhutto, también dirigió Pakistán y fue condenado a muerte y ejecutado al llegar el régimen militar que lo destituyó.
Entonces pienso "no podía ser diferente con ella". Quizá sólo si se hubiera dedicado a hablar de la necesidad de democracia en su nación desde otro punto del planeta o a ser una líder desde la distancia, pero ni aún eso hubiera sido garantía, mucho menos porque la gente que decide alzar la voz y levantarse desde la sumisión de esas culturas sabe, mejor que nadie, cual es el precio de la libertad.
Siento tristeza y a la vez compasión por lo que viene ahora, luego de esta tragedia, ahora... que se han limpiado el camino.
Entonces pienso "no podía ser diferente con ella". Quizá sólo si se hubiera dedicado a hablar de la necesidad de democracia en su nación desde otro punto del planeta o a ser una líder desde la distancia, pero ni aún eso hubiera sido garantía, mucho menos porque la gente que decide alzar la voz y levantarse desde la sumisión de esas culturas sabe, mejor que nadie, cual es el precio de la libertad.
Siento tristeza y a la vez compasión por lo que viene ahora, luego de esta tragedia, ahora... que se han limpiado el camino.